Dos reses muertas en Valle de Mena, una vaca y su becerro atacados durante el parto, engrosan un caso más de este problema cada vez más recurrente en la zona. “Los buitres tienen que comer. Si no hay muladares ni cadáveres en el campo, tendrán que atacar en las granjas”, dicen los ganaderos.
COAG exige una gestión eficiente de los muladares y que se articule una compensación porque estas aves ya no son necrófagas. Son tan depredadoras como los lobos.
Burgos, 2 de marzo de 2026
Un nuevo ataque de buitres a una vaca durante el parto, con el balance de la res y el ternero muertos, sucedió el pasado viernes 27 de febrero en una explotación cercana a la localidad burgalesa de Valle de Mena. “A ambos animales se le veían los huesos tras las mordeduras. Fallecieron desangrados poco después. Es espantoso”, afirma el propietario de la explotación donde cría vacas de la raza Angus, Victor Álava.
Los buitres, al parecer atraídos por el olor de la placenta se lanzaron sobre la res y terminaron de extraer con el pico al becerro que estaba naciendo. Devoraron a ambos animales a los que dejaron con vida, aunque agonizantes. Fallecieron unas horas después. El ganadero dice que la manada era de unos cincuenta buitres, y que al menos cinco huyeron tras ser sorprendidos por él, con la cabeza y parte del tronco completamente cubiertos de sangre.
Ataques durante el parto
Los ataques a las vacas durante el parto por parte de buitres, aparentemente animales necrófagos, comienzan a ser sistémicos en Las Merindades y comarcas adyacentes del norte de Burgos, así como en otras zonas de nuestra Comunidad Autónoma.
COAG considera que estos actos se producen por una desastrosa gestión de los muladares, zonas que han de servir para alimentar al buitre y adelantarse a estas incursiones en las granjas de estas aves carroñeras. Los buitres se ven obligados a atacar con el único afán de alimentarse. Tampoco ayuda la absoluta desaparición de los cadáveres en el campo de los que ancestralmente se han alimentado los buitres, y que fueron eliminados normativamente tras la enfermedad de las vacas locas.
Los buitres aprenden
“Lo peor de todo”, han asegurado los ganaderos a COAG “es que estas aves aprenden. Cada vez están más pendientes de los animales más alejados del rebaño. Terminarán atacándolos también”.
Además, estos ataques, que suponen un golpe económico y moral en los ganaderos, no tienen ningún tipo de indemnizaciones compensatorias, como sí disponen en otras Autonomías. Solo estarían cubiertos si la explotación cuenta con el seguro contra ataques de animales salvajes, que cuesta unos 1.300 euros anuales.
COAG insiste en que, en la medida en la que el buitre está mutando de necrófago a depredador, cuya evidencia ya hay numerosos científicos que lo avalan, sus ataques deben ser compensados.



