Comunicación agraria en el siglo XXI

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Por Prisciliano Losada Martínez, Secretario Técnico de COAG Castilla y León.

Es muy habitual hoy en día escuchar en cualquier foro de temática agraria que a nuestro sector le sobran mensajes negativos sobre lo mal que está, y que, por el contrario, para atraer a los jóvenes, lo que se necesita es resaltar las posibilidades de futuro que tiene.

Esta afirmación, contra la que pocas discrepancias caben a nivel teórico, no es tan fácil de sostener sobre el terreno. Y más aún en esta época de contrastes, en la que cohabitan, por un lado, la desaparición de un modelo agrario que podríamos llamar “campesino”, y por otro lado, el hiper dimensionamiento y la super tecnificación de las explotaciones.

Sumidero

Y esto lo vemos todos los días: las organizaciones denunciamos la crítica situación de sectores enteros, los costes inasumibles de los insumos, la injusticia de los precios agrarios, la ruina de las explotaciones, etc. Y, mientras tanto, a pie de campo hay una batalla nada soterrada entre agricultores por conseguir tierras, pagando por ellas precios o rentas superiores a los rendimientos que van a proporcionar. O adquiriendo maquinaria y equipamientos que supera en varias veces la capacidad necesaria para el tamaño de la explotación a la que se van a integrar. Lo que a su vez empuja a pelear por más superficie (a precio imposible) y a más inversión… en una espiral que va tragando por el sumidero a todo el que se va alejando de la orilla.

Por tanto, el discurso que uno quiere escuchar va a depender de qué lugar de la espiral ocupe. Sin embargo, resulta muy difícil para uno mismo valorar en que punto se encuentra, sobre todo si ha perdido las referencias. La solidaridad ha dejado paso a la competencia; el consenso ha sido desterrado por la polarización; la unidad que tanto se reclama está supeditada al interés individual.

Debate de fondo

Todo lo anterior plantea un debate de fondo para las organizaciones agrarias, que tienen estructuras del siglo XX y que aún están dilucidando como organizarse en este convulso siglo XXI. Porque la agricultura ha cambiado; los agricultores han cambiado; las relaciones con la administración han cambiado; las maneras de comunicarse han cambiado.

Lo único que parece inalterable, que no cambia nunca, son los problemas a los que debemos enfrentarnos: los costes inasumibles de los insumos, la injusticia de los precios agrarios, la ruina de las explotaciones, etc.