MORGAN ODY. COORDINADORA GRAL. VÍA CAMPESINA EUROPA

Morgan Ody 1

“Los agricultores estamos tan metidos en la crisis, que podemos ser la solución”

TEXTO: JOSÉ CARLOS BLANCO. FOTO: JUAN YURI

Morgan Ody. Laval. Francia, 1979. Creció en una granja. En su juventud viajó por todo el planeta y lo que vio la catapultó hacia la agricultura sostenible, responsable y solidaria. Con esos presupuestos intelectuales llegó a la Coordinación en Europa de Vía Campesina, el sindicato agrario más grande del mundo con presencia en cuatro continentes. Morgan dice que en esta crisis que nos asola, los agricultores estamos tan en el centro que podemos ser la solución. Dice que las mujeres están y van a seguir estando en la producción. Su problema es la visibilidad, Y sentencia; “para enfrentar las crisis que sufrimos el cuidado es lo  esencial, el cuidado de los seres humanos, de la dignidad, de los ecosistemas. No podemos salir de esa invisibilización de las mujeres  si seguimos centrándonos en la competitividad.

 

Pregunta: Desde Coordinadora Europea Vía Campesina, ¿cómo se ve el momento que vive hoy la agricultura y la ganadería? ¿Cómo saldremos de esta catarata de fenómenos adversos para el campo como son la guerra, los aranceles, los recortes de fondos, las adversidades climáticas, etcétera?

Respuesta: Pues sí, estamos en un contexto muy difícil de crisis mundial y es una crisis existencial para la humanidad: el sistema capitalista se enfrenta a  los límites del planeta. Cómo agricultores y agricultoras estamos en el centro de esta crisis porque somos actores de la economía, tenemos que tener ingresos, nos confrontamos con los mercados nacionales e internacionales,  con los precios, la competitividad, todo eso, pero también trabajamos con la tierra, con el viento, con el agua, y entonces la crisis climática, la crisis de la biodiversidad nos afecta directamente. Yo creo que por eso, como campesinos, sentimos de manera muy directa la intensidad de esta crisis. Pero también sabemos que en nuestras maneras de vivir, de producir, con la naturaleza, somos parte de la solución. Tenemos conciencia de la gravedad de la crisis, pero también somos capaces de generar esperanzas dando una visión sobre el futuro de la humanidad. Yo creo que eso es algo bastante particular del movimiento campesino en este momento histórico.

P:  Los principios que defiende la Vía Campesina, soberanía alimentaria, biodiversidad, recursos genéticos… ¿pueden tener cabida en este nuevo orden mundial hiper neoliberal o cree que están amenazados?

R: Yo creo que la perspectiva de la aldea campesina, de soberanía alimentaria, agroecología, derechos campesinos es una confrontación directa con el modelo neoliberal. Ambos no pueden sobrevivir. Es el campesinado o el orden neoliberal basado en la competición. La base de como nosotros vivimos y producimos es la cooperación, la cooperación dentro de las comunidades, entre los campesinos, entre el resto de la sociedad y también cooperación con los ecosistemas, con nuestros animales, con nuestras plantas, con nuestro campo y el territorio. El orden neoliberal se basa en la competición. Solo el más fuerte va a poder sobrevivir. Y entonces por eso yo creo que Vía Campesina asume perfectamente un rechazo total del capitalismo. Y que tenemos que trascender este sistema capitalista para llegar a otro orden mundial basado en cooperación y  solidaridad. Por eso  rechazamos las guerras, rechazamos la militarización que vemos ahora incluido de manera muy fuerte en Europa y tenemos que construir solidaridad entre los pueblos en contra de este imperialismo y en contra de esos nacionalismos de la extrema derecha que juega con las diferencias de identidades.

     «La economía nunca va a poder ser desmaterializada. Todo lo que producimos, comida, objetos o servicios se basan en recursos que vienen de la naturaleza, de los territorios, y tenemos que asegurar que esos recursos, que tienen límites, estén al servicio de la dignidad humana.»

 

P: ¿Cómo serían las reformas agrarias del siglo XXI  a las que ustedes aluden y que se basarían en la distribución de tierras, de créditos, de maquinaria, de semillas, de conocimiento y de formación?

R: Una cosa que vemos muy clara en la Vía Campesina es que la economía nunca va a poder ser desmaterializada. Todo lo que producimos, comida, objetos o servicios se basan en recursos que vienen de la naturaleza, de los territorios, y tenemos que asegurar que esos recursos, que tienen límites, estén al servicio de la dignidad humana. Para eso creemos que necesitamos nuevas reformas agrarias basadas en nuevos principios. No pueden ser las reformas agrarias del siglo XX que fueron reformas agrarias productivistas, patriarcales, con muy poco enfoque en las mujeres. Tenemos que tener una nueva visión y la estamos construyendo no solamente con el movimiento campesino,  también con los pueblos indígenas, con los movimientos feministas, con los movimientos de pescadores.

Cuatro «erres»

Y esta nueva visión está basada en cuatro principios. En cuatro erres. Primero el reconocimiento de los derechos colectivos. En la mayor parte del mundo las tierras no son privadas de una persona o una familia, son recursos colectivos y eso se tiene que proteger. El segundo principio es la reparación y la restitución. Hemos vivido en los 500 últimos años procesos masivos de colonización y acaparamiento de los territorios. El tercero es redistribución. No podemos aceptar que unos, los que hacen agronegocios tengan diez mil  hectáreas y otros no tengan nada.  Y el último es regulación democrática. Los pueblos en cada territorio tienen que poder decidir de manera colectiva cómo se usa el agua, la tierra, para intereses generales. Tiene que haber procesos democráticos que son regulaciones públicas sobre esos recursos y no dejar todo eso en las manos de los mercados. Esa visión es válida no solamente para los países del sur, también para  los países del norte. Y es muy  importante que Coordinadora Europea Vía Campesina retome ese tipo de reforma agraria.

P: Uno de los aspectos que ustedes defienden con intensidad es la presencia de la mujer en el campo. Esta presencia se mantiene estancada aquí en Castilla y León. En 4 años, del 2019 al 2023, ha subido solo un punto porcentual. ¿Qué frena el acceso de la mujer a la agricultura y a la ganadería? ¿Por qué no se resuelven esos frenos?

R: En esta pregunta hay dos cosas. Las mujeres están en la producción y van a seguir estando. Su problema es la visibilidad. No vemos a las mujeres porque están, muchas veces, sin estatuto oficial, sin  ingresos y haciendo un trabajo completamente invisible. Muchas veces este trabajo invisible es la base de la vida, es el cuidado. Para enfrentar las crisis que sufrimos el cuidado es lo  esencial, el cuidado de los seres humanos, de la dignidad, de los ecosistemas. No podemos salir de esa invisibilización de las mujeres  si seguimos centrándonos en la  competitividad. Tenemos que seguir juntos en el feminismo y la priorización del cuidado.

 

     «Las mujeres están en la producción y van a seguir estando. Su problema es la visibilidad. No podemos salir de esa invisibilización de las mujeres si seguimos centrándonos en la competitividad.»

 

P: ¿Qué opinión le merece el hecho de que la propia PAC perpetúe la diferencia de género? 

R: La PAC da mas dinero a quienes tienen más tierras, que son los  hombres porque son los hombres los que tienen los títulos de propiedad, son los hombres que tienen el agronegocio con grandes fincas. La PAC no reconoce el papel del cuidado del territorio, el producir alimentos sanos,  todo lo que es el núcleo del trabajo de las mujeres. Por eso necesitamos una visión de género para cambiar la PAC. Y eso va a ser positivo, no solamente para las mujeres, también para los pequeños y medianos agricultores

P:  En un mundo cada vez más tecnificado, más enamorado de la digitalización ¿le augura larga vida a la agricultura campesina que ustedes defienden?

R: Frente a las crisis, las élites quieren que creamos que las soluciones tecnológicas van a ser una solución para todo y eso es una manera de rechazar un cambio social. Hay varias tecnologías que pueden ser útiles, pero nosotros  defendemos  que el cambio que necesitamos  no va a pasar por tecnologías, va a pasar por igualdad social, por justicia, por salir de los sistemas de dominación contra las mujeres o contra las personas pobres, para ir hacia más igualdad y más dignidad humana. No  podemos mitificar la tecnología como algo que nos va a salvar.

 

     «Para enfrentar las crisis que sufrimos el cuidado es lo  esencial, el cuidado de los seres humanos, de la dignidad, de los ecosistemas. No podemos salir de esa invisibilización de las mujeres  si seguimos centrándonos en la  competitividad.»

 

P: España lidera la producción ecológica en Europa con tres millones de hectáreas, pero los alimentos ecológicos son entre un 20 y un 60 por ciento más caros que el resto de los alimentos. ¿Un modelo de producción agroecológico y de agricultura de pequeña escala sería capaz de alimentar a un mundo que pronto tendrá 9.000 millones de habitantes? ¿Y hacerlo a un precio que todos puedan pagar?

R: Aquí no hablamos de agricultura biológica, no hablamos de un Label, hablamos de un sistema de producción y lo que queremos saber es si vamos a seguir con un modelo de producción  que confronta  de manera directa con los recursos del planeta, que no son ilimitados. Vamos a ver si seguimos o tenemos que sufrir los límites del agua, del petróleo, como vemos ahora, con las dificultades para acceder a los fertilizantes. Frente a eso, el modelo de agroecología es el modelo de economía circular al nivel de territorio. No significa que cada finca tienen que producir todo, significa que en nuestro territorio tenemos que segurar que haya equilibrio. El centro de esto es la fertilidad. Tenemos  que asegurar una autonomía a nivel territorial de la fertilización y eso se basa en una mezcla de producción animal y producción vegetal. Con la división internacional de la producción agrícola hemos hecho completamente lo contrario. En España o Francia hay regiones con ganadería industrial de enormes producciones que necesitan importar cantidades de soja y en otros casos, cantidades de fertilizantes. Eso no es sostenible. Hay que abandonar la idea de que la agroecología es un sistema de producción de alimentos para ricos. Es otra visión de la relación con la tierra. Una visión de una agricultura más autónoma y circular.

P: Las empresas crecen con una voracidad económica que les ciega ante la destrucción de la población y del medio ambiente, sin embargo, crece la conciencia social sobre estas cuestiones ¿hay esperanzas?

R: Sí, hay esperanzas, pero también mucha preocupación porque lo que vemos es que sí,  las movilizaciones sociales existen, pero el nivel de represión de los Estados que son cómplices de las grandes  empresas y del gran capital es terrible. Estamos muy preocupados porque  la democracia está  en peligro. Porque para las élites económicas y políticas el capitalismo es mucho más importante que la democracia y si tienen que escoger entre los dos siempre van a escoger el capitalismo. Y el neoliberalismo es una manera de defender el capitalismo frente a la democracia.  Tenemos que defender que queremos dar prioridad a la democracia frente  al capitalismo. Muchas de las clases populares lo entienden, pero el nivel de represión, el nivel de propaganda, los ataques hacia los medios de comunicación desde la extrema derecha de utilizar cualquier debate, los migrantes, las  las mujeres, para invisibilizar la contradicción actual entre el capitalismo y democracia es muy preocupante.

 

     «Hay que abandonar la idea de que la agroecología es un sistema de producción de alimentos para ricos. Es otra visión de la relación con la tierra.»

 

P: ¿Cómo valora el papel de COAG dentro de La Vía Campesina?

R: La COAG tiene y siempre ha tenido un papel muy importante dentro de la Vía Campesina, en particular por la relación con el Estado español, con Europa  y  también con América Latina. La COAG siempre ha jugado este papel de enlace  y ese  es un papel muy importante, porque América Latina y Europa son dos regiones muy importantes dentro de la Vía Campesina. Tienen un nivel en ambas regiones  de una gran integración.  Yo creo que asegurar la unidad entre los dos me parece muy importante y aquí la COAG juega un papel muy importante.

P: ¿Cómo califica la labor desarrollada por Coordinadora Europea Vía  Campesina ante las instituciones europeas en sus aspectos más esenciales como nivel de interlocución, capacidad de influencia en las políticas agrarias y utilidad para los profesionales y para las organizaciones que la constituyen?

R: Es una pregunta complicada.  Estamos reconocidos como interlocutores. Cada vez que hay una decisión que tomar estamos en todos los grupos de expertos, tenemos citas con el Comisario de Agricultura,  Y como trabajamos mucho (risas) tenemos posiciones sobre la ganadería, sobre digitalización, sobre regulación de mercado, sobre muchos aspectos. Y estamos por delante. La regulación de mercado, por ejemplo, la hemos sacado en  2023, cuando este debate no estaba en las agendas y hemos puesto el debate en el centro; que necesitamos la intervención de la Unión Europea en los precios y no solamente el subsidio. Pero la Comisión Europea  como institución es neoliberal. O sea, entramos en contradicción. Estamos en la misma sala, podemos decir lo que queremos, pero ellos no pueden escuchar porque su visión sobre la realidad está en otro mundo. Y eso lo hace muy difícil. Necesitamos un análisis muy profundo de qué es la UE porque si  no vamos de decepción en decepción. Siguen en la idea de que el rol de las instituciones públicas es salvar el mercado y no de servir al interés de las  poblaciones. No podemos ver cada reforma de la PAC sin hacer un análisis de los bloqueos que existen dentro de la Unión Europea y que hace que nuestro proyecto ellos no lo pueden escuchar.