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COAG CASTILLA Y LEÓN advierte de que el cierre apícola de Valencia puede colapsar toda la producción mielera de nuestra región

La Comunidad Valenciana prohibirá la apicultura por la Pinyolá y los profesionales temen una avalancha de productores valencianos hacia Castilla y León. La zona levantina cuenta con 2.517 explotaciones: con solo un 10 por ciento de apicultores que trashumara a nuestra región, la producción podría resentirse en un 50 por ciento, estiman los productores.

27 11 2020

Valladolid, 27 de noviembre de 2020.- Producir miel en la Comunidad Valenciana va a estar penalizado con multas de 60.000 euros cuando se reforme la Ley de Ganadería que está a punto de modificar la Generalitat valenciana.  Ello será así para evitar el fenómeno conocido como Pinyolá, la polinización cruzada entre cítricos que podría provocar que estos nazcan con pepitas, hecho que generaría una caída de su cotización en los mercados.

Sin embargo las 200.000 hectáreas de naranjos, mandarinos y limoneros que hay en Levante suponen la mayor concentración de plantas melíferas en toda España. La miel de azahar es un alto valor agropecuario que va a ser laminado. Dada esa riqueza vegetal, la comunidad valenciana cuenta con 2.517 explotaciones apícolas que ya no podrán producir en su tierra. De ese número, 2.395 explotaciones trashuman, o sea, se instalan allí donde mayor y mejor producción de miel pueden obtener.

Tendrán por tanto que emigrar a otras comunidades autónomas. Pueden hacerlo a las regiones próximas a Valencia, donde se podría continuar produciendo miel de azahar pero en mucha menor medida. Pueden hacerlo a Castilla-La Mancha, donde se puede hacer miel de girasol. Y lo harán, de hecho ya lo están haciendo pero en menor medida, a Castilla y León. Cada año llegan decenas de apicultores valencianos pero la cifra, con el cierre de su región, se disparará. Lo hacen a las montañas de Soria, Burgos o León a producir miel de bosque. La más cotizada.

Como los asentamientos colmeneros funcionan bajo una reglamentación que los obliga a distanciarse entre ellos en torno a un kilómetro, los apicultores castellanos y leoneses  temen que no va a haber sitio para todos. Y que la producción mielera de nuestra comunidad se puede resentir enormemente.

Santiago Canete, presidente de la cooperativa mielera salmantina Reina Quilama teme que un desplazamiento significativo de producciones valencianas a Castilla y León suponga una merma drástica en la producción de los profesionales de nuestra región. “Ya tenemos bastantes problemas con los asentamientos y con la varroa como para tener que enfrentarnos ahora a otro problema nuevo”, dice Canete. “Y además se trataría de la miel más cotizada, la de encina, roble, brezo”, apostilla. “Sólo con un 10 por ciento de las explotaciones valencianas que se desplazara a nuestra comunidad podríamos caer productivamente un 50%”, sentencia el presidente de Reina Quilama.

Ante esta complicada situación, COAG insiste en la necesidad de una regulación del sector apícola para armonizar y racionalizar su crecimiento y evitar los enfrentamientos entre estantes y trashumantes para conseguir o mantener sus asentamientos apícolas cada año.